martes, 14 de junio de 2011

Y con él, ¡ya están todos!


Para el niño llegar a la escuela supone una nueva oportunidad para poder contar aquello que hizo, a lo que juega o aquello que experimentó en la tarde del día anterior y que tantas ganas tiene de compartir. El niño llega con ganas de contarle aquello que le ilusiona a la maestra, para compartir con ella sus experiencias, ya que para el niño “su seño” no es una docente, sino una amiga en la que puede confiar y quiere que entienda porque hoy está más feliz, triste, aburrido, excitado...

Todo esto se va por tierra cuando al llegar a la escuela, día tras día, ve como su señorita sólo le preocupa que lleguen uno y cada uno de los niños que forman su aula, sin importarle el cómo vienen de sus casas, preguntarles como le fue ayer, que hicieron...
A los docentes se le olvidó que cada niño es un mundo y cada día, atraviesan un umbral diferente, que les afecta para bien o para mal. El niño no queda neutro ante nada, no queda pasivo ante las experiencias que día tras día va recibiendo.


El niño necesita aquello que espera y confia que le ofrecerá su amiga la maestra, no espera el mismo saludo para cada uno, porque no todos somos iguales, algunos les valdrá una simple mirada, a otros les valdrá con el golpecito en la espalda, otros necesitarán varios abrazos y otros necesitan ser escuchados.

martes, 7 de junio de 2011

Creatividad, ¿dónde estás?


Como ya vimos en la entrada anterior... si desaprovechamos aquello que tenemos delante, que lo vemos con nuestros propios ojos, ¿cómo vamos poder ver? Todo aquello que los niños son cacapaces de darnos, el poder de su imaginación...

Si fuesemos capaces de bajarnos a su altura y construir con ellos ¡cuánto ganaríamos! El comportamiento docente hace que sea tan difícil escucharles, creer que tienen algo importante que aportar a los demás, que al final siempre terminamos creer que, es mejor hacer lo que el docente sabe, porque el tiene unos estudios y eso ya... parece ser suficiente.

Si escuchasemos a los niños, se sentirían partidiarios de su propio aprendizaje, responsable del mismo y así estarán mucho más motivados para su proceso de enseñanza-aprendizaje.
Con el poder de su imaginación, obtenemos la rica creatividad que por desgracia, va desapareciendo poco a poco, a medida que los niños van creciendo y... vaya ironía, ¿no?

Los niños son “máquinas creativas” que a medida que crecen van perdiendo esa capacidad, cada vez más previsible, hasta el punto de desarrollar la terrible y frustrosa frase “yo no sé hacerlo o no se me ocurre nada” cuando el profesor después le pide que realice por SI MISMO Y SIN AYUDA DE NADIE una tarea o actividad. 
Lo lógico sería que los niños a medida que crecen fuesen más y más creativos e independientes en sus tareas, pero como no trabajamos su imaginación, ya que tienen que seguir las directrices de un docente, sólo trabajamos la dependencia de un maestro que le diga qué tiene que hacer y cómo tiene que hacerlo.

Por favor, escuhemos y construyamos juntos. Una educación entre todos es siempre más completa y siempre ayudándonos de los más pequeños que saben mucho más sobre las inquietudes y necesidades de la infancia que cualquier libro de texto o normativa impuesta desde arriba.

domingo, 5 de junio de 2011

Aprendiendo para siempre


Aunque no quiera lo veo, veo cada día que desaprovechamos los recursos más cercanos, los más próximos, aquellos que siendo vecinos de nosotros, de nuestro día a día no utilizamos para nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje.

Los maestros y maestras se sienten orgullosos de dar las clases como siempre, donde ellos están por encima de sus alumnos y por medio de una enseñanza directa creen que sus alumnos aprenden aquello que están pretendiendo enseñar.


Muchas veces, tenemos los medios delante para propiciar un aprendizaje experimental a los niños, con el encuentro directo con aquello que se quiere aprender y enseñar, pudiéndonos valernos de esos recursos para desarrollar un aprendizaje significativo y sin embargo, son muchos los docentes, que siguen trabajando siguiendo un guión, un esquema que les viene dado. Pareciendo que si hacen algo novedoso, diferente, les fuera a pasar algo, como si ser rompedor fuese malo.
Pero no es sólo la sensación de ser raro en el nuevo aprendizaje, sino también que ofrecer un aprendizaje significativo, implica mucho esfuerzo, hay que cambiar todo el planteamiento, moverse... básicamente hay que trabajar y mucho para hacerlo bien. La cosa se complica cuando la vocación brilla por su ausencia, haciéndo de este maravilloso trabajo un simple trabajo donde dar clases es igual a cualquier otro trabajo. Tenemos que trabajar duro, hacer de todo este proceso algo complejo que implique esfuerzo por nuestra parte ya que como dice una amiga mia, “nadie nos dijo que ésto fuera fácil”.


Tenemos que evaluar todo aquello que el contexto y el entorno nos puede proporcionar, valernos del medio puede ser mucho más util que el “libro gordo de Petete”. La observación directa sobre aquello que se aprende es un instrumento que no podemos dejar pasar, porque como se dice... “vale más una imagen que mil palabras”, a lo que podemos decir, una sensación experimentada es mucho más fuerte que cualquiera de los textos e imagenes que haya en todos los libros de textos que existan.