Cuando los niños dicen “¡Basta!” es el título de uno de los libros de Francesco Tonucci; en él, se recalca la importancia de dar la palabra a los niños y escucharles.
El niño es un ciudadano más y tiene derecho a ser escuchado y tener algún representante que defienda sus derechos.
Por eso, en medio de este mundo inhumano, el niño tiene que “echar cara” y hacerse valer. Tiene que luchar para jugar porque al parecer se nos olvidó que jugar es uno de los derechos del niño.
Por medio de la “Ciudad de los niños”, otro de los libros de Frato, se muestra la importancia de hacer una ciudad para los niños, construida y pensada para ellos, porque una ciudad para la infancia es una ciudad para todos, un lugar sin peligros dónde adultos y ancianos pueden convivir perfectamente.
Poco a poco, parece que la idea de Frato está teniendo cabida en más lugares de este mundo, zonas de América latina, América del Sur y Europa están haciéndose eco de su idea. En España, tenemos la suerte de ver inicios y proyectos de ciudades para los niños, que sin ser exactamente iguales a la idea de Frato, sí por lo menos, son espacios para los niños, su imaginación y disfrute.
Por desgracia, cada vez son menos los niños que juegan en las calles (¡y cuánta falta que hace en este mundo!), fruto de la aparición de las tecnologías, que parece que hacen de los niños personas incapaces de divertirse sin tener delante una pantalla y un mando con botones en sus manos. Esto, unido a unos padres que cada vez son más y más protectores, fruto de la inseguridad de las calles y soledad de las mismas, harán que el día de mañana los niños no aprendan de su barrio, no disfruten de sus rincones, ni conozcan a sus propios vecinos…
Son los adultos lo que crean este miedo y enseñan la calle y el barrio como un lugar peligroso y aburrido. ¿Por qué?
Creo que esta idea está ligada a muchos factores, entre los que destacaría:
- “Alzheimer generalizado”: parece que a los adultos se les olvidó que cuando ellos fueron pequeños, tuvieron la suerte de “criarse” y educarse en la calle.
- Consumismo como principal valor: tener y tener, ese es el mensaje de muchos padres hacía sus hijos. Si tienes muchísimas cosas para jugar en casa, ¿para qué quieres ir a la calle?
- Televisión: vidas rutinarias, dónde la televisión es el trasmisor de noticias y mejor compañero de los padres, hacen de ella la reina de la casa, haciendo que muchos niños queden enganchados a ella.
- El hogar como único espacio que trasmite seguridad. Lo que hay afuera de él, es incontrolable para el adulto y por lo tanto, peligroso.
- Sociedad más global y a la vez… más individualista. No son pocos los padres que prefieren que jueguen sus hijos entre ellos en casa y además que no se junten con otros niños (por no hablar de no juntarse con otros niños de otras “razas”).
En definitiva, no podemos dejar que las ciudades y pueblos sean para el adulto y su mejor compañero (el coche) sea el capataz de todas las obras y construcciones de las ciudades. Tenemos que conseguir una ciudad con más parques, plazas, grandes aceras y zonas “rurales, naturales” con menos zonas para aparcar, parkings, grandes carreteras.
Porque los niños, son sinónimo de paz, de igualdad, de cooperación, de humanidad, de ilusión, de vida… tenemos que escucharles siempre y hacer junto a ellos, nuestra ciudad.