Cada semana, exactamente los viernes, de aquí a final de curso, pueden si quieren volver a ser niño, volver a disfrutar por el simple hecho de jugar.
¿No se acuerdan?
No pasa nada, con dos juegos bastará para recordar aquello que sentías cuando eras pequeño, sonreír y no parar de reír con tus amigos, sintiéndote de nuevo libre y de repente, todos tus problemas, desaparecerán.
Por eso ven, baila, salta, corre, disfruta y por supuesto, aprende.
Después de la experiencia del cada viernes en las clases prácticas la asignatura de “Motricidad en la Educación Infantil” propongo poner esto en el programa de la asignatura, ya que creo que la describe perfectamente.
Desde el primer viernes a finales de Febrero, se sabía que estás horas en los pabellones, iban a convertirse en una especie de vías de escape, para iniciar el fin de semana con las pilas cargadas, con una actitud positiva, porque la hora y media llena de risas, se convierte para mi, en la mejor forma para acabar una semana llena de prácticas y trabajos.
Al principio, el espacio más limitado, en un aula unas 30 personas realizaban juegos de la infancia. Empezamos con más miedo que vergüenza, pero fue cuestión de un rato, el tiempo de llamar a esa infancia que nunca se va, para volver a disfrutar de todos los juegos que nos proponían, como de aquellos otros, que eran propuestos por nosotros.
No se piensen ustedes, que todo es jugar, porque a la vez que llamamos al niño que llevamos dentro, debemos de volver a ese adulto cuando se nos pide y sobretodo para analizar y estudiar aquellos aspectos relativos del juego para los niños.
Por eso, después de cada actividad apuntamos clasificándolos según los aspectos del desarrollo cognitivo afectivo o motor.
A mediados de Marzo, conseguimos el Pabellón, allí aumentamos muchísimo nuestras posibilidades de movimientos y de juegos.
Para empezar, siempre, un poco de danza, ritmo, sincronización y siempre risas.
Los bailes “son sencillos” pero no somos pocos los que nos perdemos, que no controlamos el equilibrio y otros directamente, perdemos varias veces al compañero de nuestro lado.
Allí en el pabellón puedes pasar a convertirte en un robot y al minuto siguiente ser un animal.
Tienes que dejar libre tu imaginación para que te ayude a crear los juegos más acordes para esos niños que sacamos y poder realizar actividades lúdicas al instante.
Jugar con las sensaciones, recordando juegos de la infancia, como cuando éramos unos “ladronzuelos”, cuando lográbamos coger la llave sin que se enterasen nuestros compañeros.
Volver a la infancia significa volver a confiar en el “frío y el caliente” de las indicaciones de mis amigos y la verdad que me engañaron un poquito o quizás, como ellos decían, yo no escuche bien…
Lo mejor, es que este pabellón, se convierte en la plaza de mi barrio, cuando estábamos todos los niños del barrio en la calle jugando cada uno a sus “historias diferentes” y sólo nos faltan esos árboles y abuelos que compartían con nosotros esos grandes momentos...