Esta escena no es tan lejana, como me hace ver Frato en la viñeta.
Y digo esto, porque yo como alumno de primer grado de la carrera de Educación Infantil, tuve una experiencia similar con una actividad que se realizó en clase. Una de mis compañeras ante un actividad que se mando hacer, dónde por fin se nos dio libertad (no había ningún guión o plantilla dónde desarrollarlo), ella empezó a preguntar “pero… ¿qué elijamos nosotros?, ¿cómo se hace?”
La pregunta se empezó a repetir por toda la clase, la gran mayoría de mis compañeras y compañeros no sabían que realizar ante la propuesta de la maestra. También es verdad que esto ocurrió, porque nuestra “querida instructora” (le digo instructora, porque es “de las antiguas” en el estilo de enseñanza y creo que el nombre de profesora o doctorada le viene muy, pero que muy grande) nos trata de las maneras más tecnocráticas que he visto en mi vida. Somos setenta alumnos, todos sentados, unos detrás de otro y simplemente tenemos que copiar lo que esta mujer dicta, porque en esto consiste esta clase, en un dictado de una hora.
La suerte es que con la edad y la experiencia buscamos estrategias para que no todos estemos copiando lo mismo y resoplando cada vez que terminamos un párrafo.
Mis compañeros y yo compartimos los apuntes y así sólo copiamos uno cada día, así cada día de dictado el otro u otros pueden aprovechar para realizar algo que si sea de nuestro interés. Por ejemplo, ahora mismo, mientras esta mujer está aquí hablando, hablando y sin parar de hablar, yo aprovecho para realizar mi crítica de esta viñeta y denunciar que a día de hoy, a niveles de universidad, esta viñeta refleja no una sola realidad de la primaria, sino a todos los niveles de la enseñanza.
Uno de los problemas está siempre en la dificultad que muestran algunos docentes en ponerse al mismo nivel que sus alumnos, siendo a veces incapaces estos de igualarse a ellos y realizar un aprendizaje entre todos, contando con la participación del niño y teniendo en cuenta sus ideas, opiniones y formas de realizar las cosas.
Porque si privamos de la libertad, creatividad y motivación para la enseñanza a los niños, lo único que vamos a conseguir es hacerlo más “inútil”, haciendo que la realización de sus tareas y trabajos, se conviertan en un suplicio para el infante.
No debemos de construirle el camino al niño de su aprendizaje, nuestra labor sólo está en poder ayudarle y guiarle por su camino propio y personal. El niño desarrollará mayores capacidades de autonomía y ganará confianza en sí mismo.
Por eso he querido utilizar el ejemplo de una de mis profesoras de universidad, que “en teoría nos enseña a enseñar” y lo hace de la misma manera que se refleja en la viñeta, consiguiendo así que seamos el niño frustrado del final de la viñeta cuando tengamos que ponernos delante de los más pequeños.

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