lunes, 23 de mayo de 2011

¡Tenemos que jugar!


El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho.

Es un párrafo extraído del cápitulo 7 de los derechos del niño donde jugar más que ser un derecho, es una obligación.
Los niños al igual que los adultos tienen una serie de derechos que deben ser respetados al mismo nivel que cualquier otro u otra persona. Nunca hay que olvidar que por ser niños no se deja de ser persona ni se deja de tener voz.




Muchas veces parece que a la educación se le olvida que por encima de todo son niños las personas que tienen delante, y como tales, el juego es su mejor compañero para el aprendizaje.
Se le olvida... porque los docentes sólo piensan en cumplir y conseguir todas las áreas y contenidos que aparecen en el curriculum de la educación infantil, ya que “eso realmente si es importante”...

En esta educación no es importante que los niños sean niños y vengan con ganas de jugar, con ganas de aprender por medio del juego y poder abordar muchísimos aspectos que aparecen en el maldito documento que todo lo decide...
Aquí lo que cuenta es, que cada niño salga cada día lleno de fichas coloreadas y de trabajos por hacer, para demostrar a papá y a mamá todo lo que sabe, porque la escuela hoy en día ha pasado a ser un enorme escaparate para ver como los niños son capaces de cargar increíbles mochilas con deberes para toda una tarde y así, perder esa parte de inocencia e ilusión que trasmite el juego.



Quizás la culpa es del sistema, de las exigencias de los que están “por arriba” a los que sólo les interesa rellenar y completar todas las tareas para la fecha. A la escuela no le interesa que un niño aprenda o no, no se preocupa si su estilo de aprendizaje es el adecuado, sólo quiere demostrar que todos los temas fueron dados y que sus niños saben mucho porque... “¡fijate cuantas cosas han hecho!”

Maldigo al olvido que parece que eclipsó a tantos y tantos adultos haciéndoles olvidar que ellos tuvieron una infancia y en ella disfrutaron y aprendieron.

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