No existe mayor aprendizaje que el significativo para el niño.
Aprenden de aquello que vivencian, experimentan y observan.
No podemos pretender que los niños aprendan ciertas cosas y comportamientos, cuando nosotros mismos no predicamos con el ejemplo. Cuando le pedimos que confíen en los demás y son los padres y madres, los primeros que les dicen a sus hijos, “no te acerques a los extraños”, “no te juntes con el hijo del vecino”, “no hables con el de la tienda de la esquina que es muy raro”, etc.
Los padres siempre, tienden a “sobreproteger” a los hijos, impidiéndoles muchas veces a desarrollar su autonomía, sólo consiguiendo niños con una fuerte dependencia de sus padres y antisociales.
El niño se siente encerrado en su casa, detrás de aquella puerta, hay un mundo que le encantaría tener la posibilidad de conocerlo pero, tanto tiempo viviendo en su único espacio, les hace temblar con sólo la idea de realizar una aventura exploradora por su barrio.

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